Conexión, desconexión.
En general, La manera occidental de vivir nos despista de mantener una atención más centrada en las sensaciones internas y las emociones. Podríamos decir que, en general, en occidente vivimos más “desconectados”.
Vivir en contacto con esas sensaciones y emociones permite otra manera de estar, de moverse por la vida. Más consciente de qué quiero y hacia dónde necesito ir.
¿Y cómo hacer para estar más “conectado”? o dicho de otra manera ¿cómo hacer para vivir más consciente de lo que siento, corporal y emocionalmente?
Lo primero es desear abrir esa mirada, porque si no me interesa ser más consciente, no hay nada que hacer. Si, en cambio, quiero aprender otra manera, eso implica buscar qué tipo de actividad, rutina o práctica me ayuda o me facilita abrir esa puerta, la de darme cuenta de mi mundo interno. Ojo, no (sólo) mundo interno mental. La mente, nuestro centro cognitivo, ¡nos dirige en gran parte y qué bien! Pero hay otros dos centros en nuestro cuerpo: el centro emocional, con base en el corazón y el centro instintivo, con base en los intestinos. Ambos vinculados íntimamente con nuestros afectos, emociones y nuestra capacidad de hacer, de actuar, de movernos.
Depende de uno mismx la resonancia con ellos. Cuanto más en contacto esté con mis tres centros, más probable es que viva tranquilx y en consonancia con lo que pienso, siento y hago. Nada fácil en los tiempos que corren.